Especial Halloween (III): La ciudad de los diestros

Especial Halloween historias de terror IIIHa llegado el día. Hoy es Halloween y toca concluir nuestro especial de relatos de miedito. Aquí tienes los dos anteriores: La huida eterna y El misterio de los souvenirs portugueses. ¿Y el de ahora? Bueno, el de ahora cuenta una historia… espantosa.

La ciudad de los diestros

Especial Halloween historias de terror III

José todavía recuerda el día en el que se mudó a aquella ciudad. Llevaba unos meses absolutamente desastrosos, encadenando gafada tras gafada: le echaron del trabajo, su mujer se había largado con un rico italiano y uno de sus hijos había decidido estudiar Comunicación Audiovisual. El acabose. Así que optó por un cambio radical.

Su preciado reloj de muñeca, que había pertenecido a la familia durante años, indicaba que iba con adelanto. Como se había comido muchos kilómetros, decidió parar a refrescarse el gaznate en un bar. El camarero estaba solo, y José no pudo evitar fijarse en la peculiaridad de aquel hombre tras la barra: le faltaba el brazo izquierdo. Ello no le impidió tirar la cerveza con maestría, que estaba deliciosa.

A través de la ventana divisó un parque. Un perro tiraba de la correa con insistencia, mientras su dueña hacía fuerza en sentido contrario. Pero un momento, a ella también le faltaba la mano izquierda. José, aturdido, decidió que era hora de coger el coche para ir a descargar todo a su nueva casa, pero no recordaba el camino, así que le fue a preguntar a un policía municipal que pasaba por allí. El policía le indicó… con la mano derecha, la única que tenía.

Aquello ya era inquietante, pero más inquietante se volvió cuando otro hombre sin brazo izquierdo se chocó con José y salió corriendo. ¿Cómo demonios había cogido su preciado reloj? El policía reaccionó, alcanzó al ladrón y consiguió reducirlo, mientras un grupo de mirones, todos sin brazo izquierdo, aplaudían entre ellos. Eso sí, ni rastro del reloj, y eso que todo esto había ocurrido en cuestión de segundos.

José estaba absolutamente descolocado, y al disgusto de haber perdido su amado reloj se le unía el misterio de qué leches pasaba en ese lugar, en el que todo el mundo tenía un brazo menos. Consiguió llegar a su casa, descargar los trastos y, por recomendación del agente, cogió el coche para ir a la comisaría a denunciar el robo.

Estaba en pleno centro, y el tráfico era un caos, así que José se metió en un parking subterráneo. Todavía con la respiración acelerada, sacó su brazo izquierdo, tembloroso, para pulsar el botón que expedía el ticket de entrada. Entonces, sin que tuviera tiempo a reaccionar, José sólo pudo ver el movimiento rápido de la ventanilla elevándose, un golpe seco y un chorro de sangre sobre el cristal.

Después de recuperarte de semejantes sustos, ¿has notado si hay algo en común en las tres historias? Exacto, que con Via-T mobe® no hubieran ocurrido. Habría sido fácil ahorrar tanto dolor. Qué lástima.

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